El dia menos pensado te espero a la salida del trabajo sólo por comprobar que tus labios se amoldan a la concavidad de tu sonrisa. Si ese dia notas que tiritas, que tus dedos tiemblan sobre la piel que los habita, si sientes una jauría dentro de tu pecho, entonces déjate llevar. Abrázame con fuerza y bésame. Abandona todos los lastres allí mismo. Deshaz los nudos con tus dientes. Defiende con rabia lo que sientes. Y yo, seguiré sonriéndote tranquila desde la puerta, paciente, segura y feliz de verte avanzar hacia mí. No descartes que me fije en el movimiento que llevará tu pelo acompañándote el paso. Me detendré casi sin darme cuenta en la libertad con la que baila sobre tus hombros y sonreiré, cómplice conmigo misma, al recordar que yo también lo hice una madrugada sobre tu boca cuando éramos prohibidas, amantes clandestinas de una noche en la que nos comimos la piel a besos.