Se trata de una página en blanco, ligera y volátil como la vida misma.
Un espacio desnudo de versos que me espera impaciente desde la última vez
en la que hablaba de ti.
Granada me abraza con su primavera tardía.
Otra época que sucede en mi vida sin dejarme tiempo para fumarme su esencia.
Volveré a empaquetar el futuro en una maleta de cosas innecesarias.
En un ir y venir torpe en el tiempo.
Entre tanto, me sucedes tú y, aún sin verte, te desnudo cada día en mis palabras.
Ahora sé que la sensación de libertad de las noches en Florencia queda lejos
como distante visualizo ya los acordes y la madera seca de mi vieja guitarra.
Desacostumbré a mis dedos torpes alejándolos de tus acordes
para ocuparlos con otras tonterías.
Desacostumbré a mi cuerpo de todo aquello que en un pasado me hacía feliz.
Se me pasa la vida entre atardeceres solitarios
en los que sueño con construir algo diferente
en los que busco la receta de la vida que necesito.
¿Qué hubiera pasado de estar viviendo cualquiera de los caminos que dejé atrás hace tiempo?
¿Me sentiría feliz teniendo la vida que los demás tienen?
Cada día me vuelvo más insoportable, más inconformista, más solitaria.
El error puede ser esperar algo más de lo que soy capaz de proporcionarme
y esta sensación de vacío se apodera de mí en las tardes de Domingo.
¿Dónde queda el mejor lugar para vivir?
¿Cuál es la mejor compañía?
¿Debo confirmarme con lo que soy?
Amontono la sensación de decepción en una maleta que de vez en cuando abro para llenarla y, sin querer, se me escapan los fantasmas que guardo en ella.
Son sólo eso: fantasmas.
¿Dónde está el monstruo que debe acudir a espantarlos?
He buscado en mi armario y no lo encuentro.
