Trae esencias prohibídas, inalcanzables, incoercibles en mi cuerpo.
Son esas mismas las que habitan incrustadas en el vértice de los labios del deseo.
Si das tú el portazo, detrás de las bisagras irán mis dedos.
Yo pondré los dos puntos que le siguen a cada punto y final que proponemos.
No vendrás a salvarme.
No serás eterna.
No serán tus dedos los que tiemblen eternamente entre mis dedos.
Pero ahora que no te tengo, te persigo hasta encontrarte de nuevo sin aliento.
Te quiero como el aire frío que disuelve el ambiente cargado de una habitación cerrada.
Te busco para beber de ti si puedo.
Quiero saciarme de ti para no volver a correr sin antes recorrerte con la yema congelada de mis dedos.


