27/12/15

Nana para el insomnio


Ha pasado un huracán por el aire que ha traspapelado los tiempos. Ha deshecho en un instante el suave devenir del universo. 

Trae esencias prohibídas, inalcanzables, incoercibles en mi cuerpo.
Son esas mismas las que habitan incrustadas en el vértice de los labios del deseo.

Si das tú el portazo, detrás de las bisagras irán mis dedos. 

Yo pondré los dos puntos que le siguen a cada punto y final que proponemos.

No vendrás a salvarme.

No serás eterna.

No serán tus dedos los que tiemblen eternamente entre mis dedos.

Pero ahora que no te tengo, te persigo hasta encontrarte de nuevo sin aliento.
 
Te quiero como el aire frío que disuelve el ambiente cargado de una habitación cerrada. 

Te busco para beber de ti si puedo.

Quiero saciarme de ti para no volver a correr sin antes recorrerte con la yema congelada de mis dedos.

10/12/15

Árboles de oscuridad


Un árbol de navidad en la planta de un hospital me sabe extraño. Como una planta artificial en una casa o el sabor a vidrio quemado del primer bocado después de un cigarillo.

Diciembre no da tregua para los tristes, aunque intentes esquivarlo, te topas de bruces con una jauría incendiaria de colores a la vuelta de la esquina.

La borágine de regalos en la que te verás atrapado en unos días te absorverá hasta la última moneda y el aliento en la búsqueda y captura del mejor regalo a un precio razonable.

Es distinta la navidad cuando el tarareo que te ocupa no es de villancicos alegres o no existe un abeto en tu salón esperando ser decorado.

Me duelen las órbitas y la espalda en una proporción hasta ahora desconocida. Quiero horizontalidad y arena. Deseo empezar una nueva historia que me transporte a otras aventuras sin ser yo el timón del barco. Sólo me apetece flotar y que me cuiden.

Standby no es un mal estado para sobrevivir. No estoy muerta, sólo repostando combustible antes de iniciar la siguiente carrera.

2/12/15

Frío* (II parte)

Tengo frío en los dedos. 

Frío en los besos.

Hielo en los huesos.

Fragilidad en el corazón. 

Pasión en la botella. 

Se que no piensas en mi, que solo surge mi nombre en otros rostros que pasan por la calle. Pienso que me pase la parada y tu tren está ya lejos de mi cama.
No recuerdo olvidarte ninguno de los 365 días con sus respectivas noches y mi cabeza pasea siempre por el lado salvaje de tu vida. Pequeña soy sensible a la comisura de tus labios y mi piel se encrespa en cada ducha que imagino tu cuerpo desnudo.

El invierno esta siendo más largo de lo que yo esperaba y el vino no tiene el mismo sabor con solo una copa en la mesa. 

Mi teléfono es un pistola cargada de disparos y no hay día que no vacíe el cargado mirando tu ausencia de atención. Locura la mía. 

La soledad se hace cada vez más tolerable y lo que aprendo me da cada vez más miedo. Miro el periódico en cada café de la mañana esperando que el horóscopo diario me resuelva esta guerra de tu cuerpo sin el mio. 

Últimamente no se que temo más, si a Nora Jones o esa llamada para decirme que tu cuerpo encontró otros brazos y que ahora soy tan solo un pájaro sin vuelo.

 
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