21/4/11

12 "


Drexler canta en una de sus canciones a los 12 segundos de oscuridad que deja un faro sobre el agua una vez pasada su ráfaga de luz. Desde entonces, cada vez que estoy de noche cerca del mar, cuento el tiempo como un segundero imperfecto, susurrando al aire los 12 segundos imaginarios. No sé cómo, pero suelen encajar en ese espacio que yo  creo en las noches a oscuras. Me gusta la mitad sin luz. Esa parte del día que te deja en la distancia justa del ruido y en el resquicio del silencio, roto sólo a veces por el motor de una moto vieja o el silbido de la adolescencia incandescente acariciando los labios de algún joven.

Allí estaría hoy; en el hueco que anido siempre que quiero alejarme de la velocidad. En esa atalaya de placeres y deberes que ocupa algún lugar de la costa, en la que el horizonte de eucaliptos con agua se mezcla con olor a gasolina. Pero no. Estoy aquí, en frente de una pantalla que me aleja cada vez más de las sensaciones y sistematiza mis palabras. Las cuenta y corrige a su antojo y hace con mi tiempo su disfraz.

12 segundos no es mucho, pero han pasado algunos segundos más desde que no me encuentro sola, alejada de todos estos fantasmas que  me suponen el estar viva. En ese hueco que me reserva la oscuridad, me detengo, siento el frío y la humedad del mar entrelazándose en mi cara, equilibrando la temperatura del aire con mi aliento. Y fumo, cortando el viento con mi humo tóxico que apolilla el ambiente... y todo esto lo necesito cada cierto tiempo, sino me pasa lo que hoy me sucede. Regalo palabras de desprecio, miradas cansadas de la vulgaridad, impaciencia a borbotones,  insatisfacción en formato familiar. No debo olvidar nunca que soy dueña de lo que no dije y esclava de lo que grité al mundo. Siempre habrá alguien que venga a rendir cuentas, a satisfacer su ego con mi enmienda.

 Mejor nos quedamos calladitos aquí sentados viendo a la gente pasar, comiéndonos un algdón de aúcar con los dedos rosas,cómplices en la sonrisa de los niños que se crucen con nosotros y siempre ignorantes - por favor- de todas esas cosas que angustian al resto del mundo y sabedores a ciencia cierta de que no hay verdad más clara que la que sólo nosotros compartimos.

Buenas noches, mundo.

10/4/11

si algún día dejo de perseguir errores, detenme cuanto antes.


Me gusta sentirme extraña rodeada de ruido; 
acariciar la indiferencia de la gente como ajena, 
inmiscuirme en la privacidad de un beso robado, 
alimentarme de fruta sólo con su aroma en la puerta del super.

Encontrarme cómplice con la nostalgia en la sonrisa de un niño,
echarle un pulso al día con mi actitud,
saludar a los desconocidos,
beber en los semáforos en rojo de tu vaso si me dejas.

Sentirme hormonalmente feliz, 
deseablemente insatisfecha,
concentrarme en mi respiración,
marcar mis pasos con el ritmo del tarareo que sólo yo me sé.



Me parece tan corta la vida, tan frágil el recuerdo, tan efímeros los lazos que nos unen, tan inevitable  el interés y tan inmenso el quererte,
que prefiero perderme entre tus letras
a gastarme al vida en la búsqueda de un diccionario que te traduzca.


Prefiero no descifrar el jeroglífico y así no detener nunca la búsqueda de algo más: y sentirme viva todos los días como un niño que está descubriendo el mundo poco a poco y nunca como el viejo que ya viene de vuelta. 



No es un ensayo, no es sólo  tiempo, no es una oportunidad, ni dos, ni cinco... es intentar e intentar y volver para volver hasta cansarnos de querernos porque no nos quepa más y tengamos irremediablemente que mudarnos a otro planeta.

3/4/11

Levántate

Aún es domingo, ahora que te escribo
en el recoveco que deja la madrugada entre las sábanas.
No quiero que me atropelle el reiterativo comienzo de cada semana.

Así que no lo aceptes, como hago  yo, si no quieres,
aún es domingo para los soñadores;
para los que reviven los 18 años las noches de viernes
y sueñan con enamorarse de cada esquina en  el hombre imperfecto.

Así que lo dejo, no creeré en el lunes, no existirá el amanecer mañana si apagamos las luces ahora. 
Nadie puede obligarme a abrir los párpados si no quiero.

Te regalo los últimos instantes de soledad, de silencio que remolonean entre las sábanas
mientras rellenas de acordes con voz las húmedas calles de granada.

No te acomodes demasiado porque siempre puede aparecer una mano indiscreta
que te haga desaparecer del patio de butacas segundos antes de la subida del telón.



...siempre quedará tiempo para ver esa película. Vamos a hacer todas las tomas falsas antes de que alguien nos vigile, nos coarte, nos elimine del reparto, haciéndonos sentir frágiles marionetas destartaladas en el olvido.
 
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