Aún es domingo, ahora que te escribo
en el recoveco que deja la madrugada entre las sábanas.
No quiero que me atropelle el reiterativo comienzo de cada semana.
Así que no lo aceptes, como hago yo, si no quieres,
aún es domingo para los soñadores;
para los que reviven los 18 años las noches de viernes
y sueñan con enamorarse de cada esquina en el hombre imperfecto.
Así que lo dejo, no creeré en el lunes, no existirá el amanecer mañana si apagamos las luces ahora.
Nadie puede obligarme a abrir los párpados si no quiero.
Te regalo los últimos instantes de soledad, de silencio que remolonean entre las sábanas
mientras rellenas de acordes con voz las húmedas calles de granada.
No te acomodes demasiado porque siempre puede aparecer una mano indiscreta
que te haga desaparecer del patio de butacas segundos antes de la subida del telón.
...siempre quedará tiempo para ver esa película. Vamos a hacer todas las tomas falsas antes de que alguien nos vigile, nos coarte, nos elimine del reparto, haciéndonos sentir frágiles marionetas destartaladas en el olvido.