Los minutos de este día se extienden sobre el asfalto helado como la sombra de un ciprés. Allí vivo hoy. Congelada de frío. Insomne.
Me siento ese preso que salta desesperado a través de la alambrada. Conoce bien cómo corta el espino, pero no le importa. Ansía la libertad y traspasa el límite gimiendo de dolor al sentir cómo se clava y araña su piel.
Casi no llevo equipaje. No lo necesito. Sólo quisiera abrigarme con tu piel. La mía ha dejado de cobijarme en este invierno.
Quédate conmigo. Desatemos todos esos besos que viven anudados a nuestra garganta y dormitan en nuestros labios a la espera de volver a vernos.
(sin) miedo.
