
Quiero recordar primero que quedan pocos hombres que se pongan bajo un balcón con instrumento en mano y su voz como manera de decir palabras bonitas que al sonar corten hasta la respiración y se ponga la piel de gallina.
Quiero recordar que quedan pocos hombres que en una noche se enfunden un traje y dediquen toda su noche al servicio de la mujer porque piensa que es el mayor tesoro que hay sobre la tierra.
Y lo quiero recordar porque con los tiempos en los que estamos me parece que se ha perdido la perspectiva y de la noche a la mañana lo que un día fue lo más romántico del mundo ahora es la mayor payasada del mundo.
Por suerte yo pienso que lo mío no son las modas y como lo de vestirme de payaso no se me da mal, pruebo suerte y canto bajo un balcón, dedico la noche al servicio de una mujer e intento emocionar para no perder ese pellizco que nos queda de tradicional en nuestros tiempo tan “americanizados”.
Las últimas horas hablando con unos antiguos de esto me han hecho darme cuenta de que el tiempo no perdona a nada pero siempre queda por lo que seguir adelante. La gente me mira y no ve a un tuno, pero cuando logro emocionar aunque solo sea con una pequeña sonrisa o simplemente una mueca de complicidad al escuchar las canciones, todo merecerá la pena.
Hoy he aprendido que todo viene y va, que toda lucha merece la pena siempre que haya alguien quien pelee por ella. Hoy me he conocido un poquito más…
gracias compañeros