9/5/11
http://www.youtube.com/watch?v=yWd63_CKqwM
[...que raro que seas tú quien me acompañe
a mí, que nunca supe bien cómo estar solo ].
Hoy es una noche cualquiera, una noche irrepetible
o, por el contrario, noche vulgar, normal, canjeable.
Al menos, tiempo; nadie puede negar eso.
Puede ser otro día más, ardiendo en el paraninfo de la cotidianidad.
En otras circunstancias, volvería aquí a comprobar que sigues sin escribir.
Pensaría que no continúa la lucha entre el cansancio y tus sentimientos
y que el moderador decidió darse de baja por depresión.
Que te marchas a casa, que vuelves al escudo íntimo de las sábanas
para no pensar - o simplemente decides no compartirlo-.
Hoy comprobé con apellidos que las ganas de vivir
pueden necesitar otra talla de tiempo,
que la casualidad del latir puede detenerse en un "bang" imperdonable,
en un pestañeo irresoluble en mitad de la noche.
Que el despertar no perdona ciertos imprevistos.
Y sé que llegaré a ese desenlace,
pero ahora me apetece menos que nada que ocurra
y sólo quiero hacerme un bocadillo con el miedo
y guardármelo para la merienda
- por si no vuelvo a casa o no venden nada de comer en la arena de playa-.
Aún me huelen los dedos a imprenta,
la tinta del periódico de los domingos se quedó dormida en mis manos
esperando nuevos domingos de sol en la terraza, nuevas noticias.
["Ya he dejado que se empañe la ilusión de que vivir es indoloro"].
Hoy es un día de 27 horas, con algunas de regalo
para (d)escribirlo sin robarle tiempo en ello al día siguiente.
Mañana biblioteca, café, folios de colores...
El recuerdo de un médico que está dentro de este, mi corazón,
no me permite no sonreír.
No sé bien lo que soy y no me mato - y menos ahora-
por vislumbrar lo que seré,pero estoy segura
de que el tiempo invertido es un ensayo general irrepetible del final
y que es más valioso que cortar la primera ese lazo de meta.
No puedo seguir empeñada en prestarle más atención
a lo que queda horizontalmente dormido en mis folios
a descubrirme sorprendida a cada instante por el deleite
de la verticalidad de las sonrisas horizontales a mi alrededor;
como sólo los infelices que buscamos la felicidad ilógica sabemos descubrir.
No existe otro tesoro mayor al escondido en ese hueco
que anidas entre los labios,
ese pequeño resquicio que hace matar por amor a los enamoradizos
y de deseo a los inalcanzables.
Que suscita contagio indomable de la risa y
alimenta de igual modo la camaradería.
Publicado por
soñadores*