Devuélveme los besos robados,
sáciame de ti,
de tu piel, de tu cuerpo.
Que el vicio nos empañe las pestañas
hasta ser descubiertas por el sol, gimiendo
de sed, empapadas; de aire, de viento.
Bésame lento
permite que tus labios muerdan a los míos,
que sea el huracán el detonante de esta lengua que te salva.
Te espero en mi abdomen,
en la latitud que circunscribe a mi ombligo.
Allí, te quiero.
A ti y a tu boca, húmeda;
a tu lengua, entrando en mí,
con fuerza
sin tregua
sin tiento.
Clava tus uñas en mi piel
hasta exprimir el aire encapsulado en esta habitación
y estremecer a estas sábanas de tanto placer.
Permíteme robarte el sabor de tus pezones,
esculpir con mis manos la silueta de tu pecho.
Bajaré sigilosa hasta tus muslos
para que sea mi boca la que ocupe ese espacio.
No quedará en ti territorio yermo
ni piel que se resista a estos labios.
Te observo desplazándote en paralelo
siento la fuerza de tus brazos sosteniéndote.
Recojo tus besos con mis labios húmedos,
encuentra tu piel cobijo en mi pecho.
Atrapas mi deseo entre tus piernas.
Desde allí lo escucho gritar desesperado
para que sigas
para que tus dedos no paren
para que tu saliva no se agote
de buscar mi orgasmo.
Una y otra vez
volvamos a empezar
para que el recuerdo de esta noche
nos persiga siempre.
