Octubre 2015
Vuelvo como siempre cuando las ondas alfas mecen mi sueño.
Un salto a tiempo de la cama para bailar sobre las teclas.
Esta entrada es para ti, chico extraño.
Compañero de viaje(s).
Para ti, irreverente caballero,
Descarado amante de noches a pelo
poeta de carretera,
sabinero.
Estas palabras te disparan dardos de plastilina
a ti, guerrero de estrellas,
de los desastres, epicentro,
artista del mundo gris y sediento
protagonista de que mi vida brille cuando ataca el olvido al recuerdo.
Siempre libre, irremediablemente libre,
haces y deshaces a tu antojo los entuertos que me nublan
para transformarlos en nanas de cuna.
[Confieso que eso me enerva, me desquicia desesperadamente]
Ayer me regalaste lo de siempre
haciéndome de nuevo valiente.
Vibré a tu lado como nunca,
Volví a sentirme en el origen.
A ese al que vuelvo sólo contigo.
[Gracias]
Me quedo con tu espada de madera por si la necesito en este tiempo (y tus gafas)
como aval para el cambista borracho
que nos espera al otro lado de la mesa.
Algún día se convertirá todo lo que dijimos en cierto
en papel, en tinta, en notas de cuento.
Soñamos con ello en cada estrofa de esta canción que se escribe en silencio,
en los espacios que dejan nuestros estribillos en el tiempo.
Te regalo las cuerdas que acarician tus dedos
para que le des ritmo a todos y no sólo a mis días tuertos.
