
El hombre de acero es solo un hombre*
Cada día asumimos retos que nos propone la vida, superándolos como auténticos héroes. Nos proponemos metas por las que luchamos con unos esfuerzos a veces titánicos, bajo unas condiciones más o menos adversas.
Pero a veces en ocasiones el telón de acero cae y se ve al hombre, sin quererlo el peso de nuestras vidas cae sobre nosotros y nos rendimos ante nuestros temores, presiones, tristezas…A veces llega un día en el que no queremos luchar y nos rendimos a la evidencia de ser personas vulnerables, viscerales por naturaleza. Cuando los sentimientos se apoderan de nosotros bajan dos lágrimas de los ojos, una detrás de otra sin poder parar.
Sin darme cuenta el telón bajó. Mis brazos y piernas temblaron del peso y me derrumbe. Por mi cabeza me resonaban las mil y una escenas que intento no recordar día tras día.
El día que mi padre salió de mi casa para no volver, el hecho de que mi hermana nunca llame por teléfono para ver como estoy, la presión de mi familia por acoplarme en un trabajo estable y “hacer mi vida”, según su particular visión de vida basada en los grandes títulos académicos, las noches en vela escuchando llorar a mi madre, las interminables quejas de mi madre sobre lo mal que hago las cosas…etc…etc…
Cuando las lágrimas iban cayendo pensaba que lo que más me dolía era ver cómo me esforzaba en ser ese superhéroe que querían y no podía ser. Casi siempre me he sentido un fracaso aunque disimulaba bien con una nariz roja y una sonrisa amplia.
El miedo al fracaso es casi peor que el propio fracaso.
Así que hoy me encerrare en mi mundo de sueños para darle esquinazo a todos esos recuerdos y huiré nuevamente porque mañana tengo que ser el héroe que se espera de mí, seré mi propio superman porque aunque sé que habrá muchos que no lo entiendan, todo lo que he llegado a hacer en esta vida ha sido para poder ser feliz, cargara con el peso que cargara.