No. Esta vez no. No necesito príncipes que prometan un legado infinito de quehaceres vacíos de sentimientos; no. No necesito amor eterno ni herencias. No quiero ser víctima de la flecha perdida de cupido.
Quiero que me necesites, que se note mi ausencia y no puedas encontarme en ninguna de las mujeres a las que buscas y besas. Quiero sentirte especial y que tú hagas lo mismo.
Quiero hacerte el amor y la guerra y que no se convierta en una noche más esa. Quiero tomar el desayuno a medias y no que te vistas ruborizado. Quiero quererte y que me quieras...
y lo demás, está de lado.